Superliga anuncia su candidatura para liderar la RFEF: ¡El fútbol español en juego!

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La Superliga carga de nuevo contra la UEFA con una ofensiva legal que tiene toda la pinta de convertirse en el próximo terremoto en el mundo del fútbol europeo. La cúpula de este ambicioso proyecto no se detiene y ahora afila sus argumentos para reclamar la mareante suma de 3.500 millones de euros en concepto de daños y perjuicios, acusando al organismo que rige el fútbol en Europa de causar un retraso catastrófico en la puesta en marcha de su competición.

El corazón del conflicto palpita con fuerza alrededor de las cifras del préstamo negociado con la entidad financiera JP Morgan. La Superliga asegura que el acuerdo se cerró en una época en la que los intereses se mantenían en un modesto 2,8%. Sin embargo, hoy en día, la realidad económica es otra, con tipos que han escalado hasta un 6,3%, provocando un agujero financiero de unos mil millones de euros.

Pero el golpe a las arcas no termina ahí. La entidad deportiva pone sobre la mesa la pérdida de ingresos de derechos de televisión. Se sienten despojados de una cantidad que fluctúa entre el 30% y el 90% de lo que hubiesen podido facturar, dependiendo de la calidad de los partidos que ofrecería esta nueva liga de la élite futbolística. Incluso afirman que, si no fuera por las artimañas de la UEFA, ya estarían disfrutando de las jugosas ganancias de las retransmisiones, sumando otros 700 a 1.200 millones de euros al saco de las pérdidas.

Siguiendo la estela del dinero que se esfuma, la Superliga también añora lo que podrían haber sido las contribuciones de los patrocinadores. Estiman que, de no ser por este entuerto, los ingresos por este concepto habrían sido, como mínimo, un 10% superiores. Y no dejan pasar la oportunidad de sumar a la cuenta el dinero que debería haber entrado por la venta de entradas a los estadios, alcanzando así ese total de 3.500 millones de euros que exigen que la UEFA les compense.

Por otro lado, la Superliga sospecha que la UEFA no acata por completo la sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), que en su día acusó a la entidad de Ceferin de abuso de posición dominante. Incluso tras la sentencia, que pretendía romper el monopolio en el fútbol continental, perciben que la UEFA continúa con prácticas que rozan la coacción y el abuso.

En medio de esta tormenta financiera y legal, el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, no se queda atrás en la polémica. Este jueves se enfrenta a una asamblea en la que pretende proponer la eliminación de la limitación de mandatos. Ceferin, al timón desde 2016 y recientemente reelegido, busca perpetuar su liderazgo desafiando las normas establecidas en 2017.

Este movimiento ha provocado una serie de dimisiones y protestas encabezadas por figuras como Zvonimir Boban y Lise Klaveness, presidenta de la Federación de Noruega, a las que se unen voces de federaciones nórdicas y algunas británicas. No obstante, Ceferin parece tener la sartén por el mango con el respaldo de las federaciones del este de Europa, lo que podría significar que, a pesar de las críticas, consiga romper esa barrera y mantenerse en el poder. El fútbol europeo sigue en vilo, a la espera del desenlace de este partido jugado en los despachos más que en el césped.